A merced de

Soy una promesa que puedes romper, y seguramente romperás. Un poema que olvidarás justo después de leerlo, un diario al que le vas a mentir porque sí, porque no es momento de lidiar con la verdad aún, un libro que te adormece pero que te decidiste terminar. Soy el televisor que enciendes cuando el repertorio de distracciones ya está agotado; un ilusionista que no te sorprende pero que sigues viendo porque ¿qué más se puede ver? Así es, no soy una primera ni una segunda opción. Soy el ¿ya qué? y el bueno, ya que estamos… hagámoslo. Parece que soy de todo un poco excepto una persona porque mis pensamientos, sentimientos, ideas y esencia solo duran algunos meses, y me abres las puertas únicamente para complacerte. Soy una cosa, parece, y me desaparezco completamente cuando te apetece.